Sin lugar a dudas, Audrey Hepburn es una de las mayores leyendas femeninas del cine y no me extraña. Fue una mujer peculiar. No solo destacó por lo bien que actuaba como actriz, sino por su forma de vida, por su afición a la jardinería y por ser embajadora de Unicef, donde apoyó a los más desafortunados. 

 

Audrey Hepburn es un símbolo de elegancia, de humildad y de lucha femenina. Por eso, no he podido contenerme las ganas de contarte más sobre esta gran mujer que sigue siendo un referente para nosotras a día de hoy, después de más de 50 años. 

 

Una vida particular 

Audrey no siempre lo tuvo fácil. Empezó la vida con el abandono de su padre a los seis años y superó una Segunda Guerra Mundial, que le hacía compararse con la famosa Anna Frank y su diario. Al acabar la guerra, Audrey empezó a dar clases de ballet y piano, pero el hecho de que fuese demasiado alta (1’70m) le empujó a la actuación. 

 

Debutó con su película «Secret People» en 1952, aunque no fue hasta 1953 con «Vacaciones en Roma» cuando se descubrió de la mano de Paramount. La elegida como protagonista iba a ser Elizabeth Taylor, pero el encanto, la inocencia y el talento hicieron que el director quedara impresionado. Siguió destacando en el mundo del cine y del teatro y hasta cantó el cumpleaños al Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, en 1963.

 

La actuación en «Historia de una monja» le dio que pensar, encontró muchas similitudes entre ella y el papel protagonista. Hepburn admitió que para ella este había sido su mejor papel. Desde que filmó aquella película nunca volvió a ser la misma: se involucró mucho más en sus labores humanitarias y en dar todo lo que pudo a los más desfavorecidos, hasta el fin de sus días. 

 

Aunque tiene una filmografía extensa de hasta 30 títulos en total, su papel icónico siempre será el de «Desayuno con Diamantes». También la recordaremos por su elegancia, su talento y su humilde vida, siempre intentando ayudar a ONGs. 

 

 

Su contribución a UNICEF  

La ausencia de amor vivida durante su infancia hizo que Audrey, en su madurez y vejez, quisiera repartir cariño a cuantos lo necesitasen. Así lo refleja en una de sus famosas frases: «Nací con una enorme necesidad de afecto y una terrible necesidad de darlo«. 

 

En 1987 fue invitada a un festival de música internacional benéfico. El dinero recaudado fue destinado a Unicef. A Audrey se le quedó una espinita clavada, por lo que preguntó si había algo más que pudiese hacer. 

 

«Sé perfectamente lo que el Unicef puede significar para los niños, porque yo estuve entre los que recibieron alimentos y ayuda médica de emergencia al final de la Segunda Guerra Mundial» – Audrey Hepburn 

 

Así, Audrey se convirtió en Embajadora de Buena Voluntad para Unicef. Ayudando a los más necesitados, viajó a países como Vietnam, Turquía, Venezuela, Ecuador, Guatemala, Honduras y El Salvador. También formó parte de grandes eventos como la Cumbre Mundial de la Infancia y dio conferencias y entrevistas de promoción de los trabajos de Unicef, como bien marcan en su web. 

 

 

Contribuyó con esta organización incluso ya enferma de cáncer. Decidió dedicar sus últimos días a viajes a Somalia, Kenia, Reino Unido, Suiza, Francia y Estados Unidos. «Audrey sabía mejor que nadie que la recompensa por ese trabajo está en la mirada de los que necesitan nuestra ayuda», escribió Sir Peter Ustinov en The European. 

 

 

Su elegancia 

Si Audrey destaca por algo, es por su elegancia y porte. Ha sido admirada e imitada por muchos. Su sonrisa, sus grandes ojos y su naturalidad es lo que más podemos destacar de ella. Nos ha regalado looks que no pasan de moda, como su icónico fondo de armario: el vestido negro, en cada una de sus diferentes opciones. Este vestido representa la mítica escena de «Desayuno con Diamantes».

 

Las teorías creen que su elegancia natural proviene de esos años de ballet que practicó cuando era niña, pero no existe certeza de ello. Lo que sí sabemos es que después de la finalización de su película estrella, entre Audrey y Givenchy se creó una fuerte relación que duró el resto de su vida.

 

 

Su huerto  

«Plantar un huerto es creer en mañana» – Audrey Hepburn 

 

Audrey vivió una vida mucho más reservada y humilde que la mayoría de estrellas de Hollywood, viviendo en casas y cultivando su propio huerto. En su finca del siglo XVIII, «Le Paisible«, tenía huerto, jardín, árboles frutales y un sauce de 100 años, a los que mimaba con todo su amor. «El lugar más bonito del mundo» eran las palabras con las que describía esta preciosa finca en Suiza. 

 

 En «Audrey en Casa», escrito por su hijo Luca Dotti, podemos ver cómo esa pasión por los jardines era absolutamente real. Este libro combina anécdotas, extractos de su correspondencia personal, dibujos y recetas de sus platos preferidos escritas de su puño y letra.  

 

Incluso dedicó su última serie de televisión precisamente a ellos, en «Gardens of the World«. En ella, Audrey nos muestra jardines en 7 países diferentes del mundo. En sus 8 episodios nos muestra, además, la belleza de la rosa, la influencia del tulipán, los diferentes tipos de jardines y nos propone una visión humanista de los jardines públicos, por ejemplo. 

 

 

Audrey, una estrella sencilla 

Como has podido ver en este breve recorrido por su historia, Audrey no era la típica estrella de Hollywood, sino que se retiró pronto para poder dedicarle tiempo a lo que de verdad le importaba: sus hijos, su jardín, el apoyo a los más necesitados, pero también a su vida sencilla. 

 

A pesar de tenerlo todo, nunca se creyó guapa ni quiso ser el centro de atención, sino que puso su foco en vivir a su manera, a pesar de todo lo que tuvo que superar a lo largo de su vida. Por eso, es un símbolo de fuerza femenina, de elegancia y de vida sencilla y plena.

 

Todas las mujeres llevamos un diamante dentro que nace con nosotras cuando entramos en este planeta tan maravilloso. Por eso, nos gusta reflejar ese valor en cada uno de nuestros diseños. 

  

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